Él no me quiere. Quiere mis buenos ratos, mis sonrisas, mis días soleados, mis rizos largos y mis ganas de viajar. Quiere el orden de mi vida y el desorden de mi cama, los abrazos que terminan en orgasmo y los besos que despiertan las ansias a mitad de la noche. Quiere mis manos en las suyas, sus piernas sobre mí, mi cuerpo y su cuerpo hechos nudo y mis pies apuntando al camino que anda. Pero no quiere que caminemos juntos. No quiere lágrimas, ni cielos nublados. No le gusta mi cabello corto, ni la pesadez que a veces me obliga a quedarme en casa. No busca salvar tormentas, ni abrazarme cuando soy huracán. Sólo quiere que le escriba sobre amor, pero no se aventura a amarme… Él quería ser marino, pero estaba cómodo con su miedo a las mareas. Así que no quiso intentarlo. Resguardó su corazón entre sus propios brazos y el mío lo dejó volando. Y aunque lo que yo sentía por él me llenaba y me hacía florecer, él no me quiso.
— Aydanez Ramona, Malaci.